miércoles, diciembre 05, 2007

Poema

El gaucho

Hijo de algún confín de la llanura
Abierta, elemental, casi secreta,
Tiraba el firme lazo que sujeta
Al firme toro de cerviz oscura.

Se batió con el indio y con el godo,
Murió en reyertas de baraja y taba;
Dio su vida a la patria, que ignoraba,
Y así perdiendo, fue perdiendo todo.

Hoy es polvo de tiempo y de planeta;
Nombres no quedan, pero el nombre dura.
Fue tantos otros y hoy es una quieta
Pieza que mueve la literatura.

Fue el matrero, el sargento y la partida.
Fue el que cruzó la heroica cordillera.
Fue soldado de Urquiza o de Rivera,
Lo mismo da. Fue el que mató a Laprida.

Dios le quedaba lejos. Profesaron
La antigua fe del hierro y del coraje,
Que no consiente súplicas ni gaje.
Por esa fe murieron y mataron.

En los azares de la montonera
Murió por el color de una divisa;
Fue el que no pidió nada, ni siquiera
La gloria, que es estrépito y ceniza.

Fue el hombre gris que, oscuro en la pausada
Penumbra del galpón, sueña y matea,
Mientras en el oriente ya clarea
La luz de la desierta madrugada.

Nunca dijo: soy gaucho. Fue su suerte
No imaginar la suerte de los otros.
No menos ignorante que nosotros,
No menos solitario, entró en la muerte.

Jorge Luis Borges

jueves, octubre 25, 2007

Cuento


Mensajes en un nido

Manny era una hermosa golondrina. Resplandeciente. Llena de vida, de música. Sus gritos eran una invitación al paraíso. Estaba llena de paz. Volaba como en los documentales de National Geographic y su rostro se iluminaba cuando se posaba sobre los arbustos. La recuperación de energías apenas le demandaba minutos porque quería, otra vez, zigzaguear entre las nubes y encontrar al sol, alimentarse al vuelo y planear, una y otra vez.
Jaime era un rústico hornero. Daba la imagen de parco, solitario. Pero tenía sus tiempos y era capaz de ganarse el respeto de todos cuando armaba su nido. Lo hacía con tal delicadeza como el mejor arquitecto.
Así trataba de fortalecer su unión, de terminar de realizar sus sueños y encontrar la felicidad.
Manny decidió volar e imaginarse debajo del cielo más grande, lejos del bosque que frecuentaba en los últimos meses.
Era feliz de a ratos, quería serlo plenamente. Nadie la veneraba, no sentía que fuera digna de un amor profundo, aunque se esmeraba con cuestiones de coquetería, siempre sentía que la soledad la atraparía al final de su camino.
Se había apartado del resto, Otto, Brian y JP, eran apenas imágenes de una foto que comenzaba a ponerse amarilla. No cuadraban con sus intenciones, pues Manny pretendía amor en flores, en versos, en caricias y de una manera pomposa, pero a la vez simple.

Mientras los pimpollos asomaban su cabeza y las hojas vestían a los árboles en medio de la llanura, decidió elogiar la construcción del nido de Jaime. Y dejó un recado:

"Eres muy bueno en lo que haces. Me encanta el trabajo final que has hecho con el nido", escribió Manny.
Con el mismo pico que atrapaba a sus insectos en pleno vuelo, había tallado en el nido de Jaime. Sorprendido, el hornero no pudo salir de su asombro.
"Gracias. ¿Quién eres que te has atrevido a dejar un recado con tamaño halago?", se preguntó.
Desde ese momento todo empezó a cambiar para Jaime. Pasaban los días y la lluvia misteriosamente dañaba la construcción posada en un esquinero de un bello caldén, pero no el mensaje. Era un perfecto trabajo manuscrito, como un papiro, con intrigas y misterios en apenas pocas líneas.
Manny supuso que Jaime no respondería. Pero, a media mañana, decidió regresar al nido.

"Ahora que veo que has respondido, me gustaría saber quién eres realmente. Soy Manny", escribió, con interés que ascendía como el calor de los días, como la prolongación de las tardes.
Quería respuestas a su curiosidad. Era como una necesidad imperiosa, como una urgencia antibiótica capaz de calmar su ansiedad. Esperó en un hermoso árbol, a unos veinticinco metros del nido. Buscaba, en silencio y oculta, develar la imagen de Jaime.
Pretendía saber si todas esas suposiciones, las imágenes que armaba en su mente como un rompecabezas, eran acertadas.

Lo había pensado morrudo, con ojos redondos, alas simétricas, unas patas hermosas y un pecho varonil que se contrapusiera con la imagen interior. Porque -creía Manny- Jaime parecía ser un ave inteligente y ese equilibrio de rusticidad intuitiva era la perfecta combinación para calmar su angustia.
El sol empezaba a irse. Pero en este escenario tan plano en altura parece despedirse casi de manera holgazana. Contemplar cada una de sus despedidas, en el silencio del ocaso y con los silbidos minúsculos de la brisa, en ese firmamento rojizo, es un bálsamo propiedad exclusiva de este suelo.

Jaime llegó, finalmente, a su nido. Exhausto, sediento, hambriento y con ganas de nada. Sin embargo rompió su rutina, se posó en la fachada de esa bella estructura y alcanzó a leer las palabras de Manny.
No las contestó y a cambio eligió esperar. La primavera había llegado. Al fin las rosas rojas perfumaban el aire, renovando aquel sabor del otoño ventoso. Pero la inquietud también persistía en Jaime, en ese amanecer junto al rocío de la grama silvestre.
"¿Quién será Manny? -se preguntó. ¿De dónde vendrá?, ¿Qué aspecto tendrá?, ¿Será tan perfecta como lo imagino?".
Mientras bajaba a la fuente para refrescarse y emprender una nueva jornada, Jaime se sorprendió:

"Hola, soy Manny", dijo la golondrina, con voz suave, dulce y tierna.

"¡Hola! Soy Jaime", respondió el hornero, después de un silencio de cinco segundos, ese espacio que sólo parecen llenar los ángeles.

Se miraron. Una y otra vez. Y en esas miradas la afinidad se potenció. Jaime era lo que Manny había esperado por años, tal vez en su vida entera; Manny era lo que Jaime imaginó, como si el tiempo se hubiese detenido en el momento inexacto. Pero el tiempo los había unido, tarde o justo, sólo ellos sabían.

"¿Vamos a volar?", propuso Jaime.
"Vamos", aceptó Manny.


Juntos conjeturaron, desde lo alto, que éste era su momento. Jaime abrió sus alas, casi con temor, un poco con vergüenza, y señaló el camino. Era una perfecta jornada primaveral y al unísono entonaban las más bellas canciones y escuchaban el sonido del llano, cuando el viento les acariciaba la cara y sentían a la felicidad circunstancial como parte de un mundo surrealista y fantástico.

- Eres más de lo imaginado -dijo Manny.
- Y tu también -contestó Jaime.
- Siento que te quiero.
- Y yo siento que te quiero a cada instante. Pero tengo miedo.
- ¿Miedo?

- Sí, tengo miedo a... enamorarme. Pero es un miedo que quiero seguir sintiendo.
- Yo nunca debí haber escrito en aquel nido.
- Yo nunca debí haber respondido. Pero nadie podrá impedir que este sea nuestro secreto.
- No, nadie. Tampoco quiero que nadie lo impida.

Viajaron nuevamente, durante horas. Cuando llegó la noche, contemplaron las estrellas (como lo había imaginado Jaime), se abrazaron, se besaron y se amaron como nunca nadie.
Al día siguiente Manny voló. Lejos. Como un ave migratoria que siempre encuentra el camino de regreso. Pero escribió un mensaje cargado de dolor:

"No puedo soportarlo. Siempre estarás en mi corazón. Ha sido fantástico encontrarte. Aunque no creo poder soportar tu ausencia, tu lejanía, debo marcharme. Soy ave de otro mundo, un mundo diferente del tuyo. Tal vez encuentre mi camino lejos de aquí".

Jaime se despertó. La buscó, aún sentía su perfume, sus caricias, sus abrazos. Pero Manny ya no estaba. Miró ese mensaje de despedida y escribió esperando una respuesta.

"No creo poder soportarlo tampoco. Es tan fuerte que siento que mi corazón estallará en millones de partes. Tendré muchos años y si aún tengo el valor de soportar el dolor, me aferraré al consuelo de haberte encontrado en una primavera".

Nadie supo si Manny volvió a leer. Quizá voló lejos y encontró otro nido que admirar. Tal vez la música de las montañas, o el ruido de las grandes ciudades, terminaron por atraparla.
Jaime esperó. Una y otra noche, inundado en un mar de lágrimas, por un nuevo abrazo que nunca llegó. Sentía que el miedo de lo demasiado tarde había llegado cuando la angustia terminó por darle el golpe de gracia.


JMS

miércoles, octubre 17, 2007

DIARIO DE VIAJE

Vivir y morir en Buenos Aires

Me duermo escuchando a Charles Mingus. Está bueno viajar porque hacía mucho que no me recostaba sobre una butaca de un gigante de la tierra. Pero me asusto, no sé si por lo accidentes recientes o qué, cuando el micro queda cruzado en la ruta. En realidad, el chofer olvidó el camino y tuvo que retroceder, con todo lo que implica dar la vuelta en medio de la ruta.
Después, más tranquilo, trato de cerrar los ojos y me entrego al destino. Ese destino es Retiro, a las 8:30 de la mañana. Está igual que siempre.
Lleno de gente. De olores. De peruanos, chilenos, paraguayos y bolivianos que parecen ser más que los nuestros. Vamos en plan periodístico a cubrir un par de peleas interesantes al Luna Park.
Es sábado. Un sábado más. Desayunamos con un amigo en la calle Córdoba por 8 pesos. Y telefoneamos al padre del boxeador al que vamos a ver. “Está bien, con ganas. Ahora vamos a ir a caminar”, me dice JC. Su hijo, un grandote bonachón pero boxeador de medio pelo, buscaría luego (fallidamente) la conquista del título argentino pesado contra El Carnicero. En el mismísimo Templo Sudamericano del boxeo. Lo bueno de Buenos Aires es que si programás algo y tenés que esperar, podés llenar los espacios. ¿Cómo? De cualquier manera. Caminar es una buena alternativa, porque no te das cuenta del tiempo. No tomás noción de que, en un par de horas, tus pies comenzarán a ampollarse. Pero vale la pena meterse en ese mundo y ver. ¡Cuántas cosas, por favor! En el Hostel hay brasileros. Está plagado de ellos. “Nos favorece el cambio, venimos siempre”, dicen en un portuñol entendible. Ellos son docentes y vienen a gastar lo que nosotros hoy no tenemos: dólares. Primera diferencia de la vida y la muerte en Brasil y Argentina. ¿Podrá un docente rural argentino gozar de esos placenteros viajes por las playas de Copacabana? Lo dudo.
Ahora voy por Florida. Hay tranquilidad. Obreros, muchos obreros, y pocos mendigos. Pero sé que la muerte está respirando en la nuca de los individuos desconocidos. Es eso lo que quería encont
rar (no la muerte, claro, sino los protagonistas que viven con esa sombra de manera constante).
En avenida Santa Fe un supuesto ex combatiente de Malvinas muestra su pierna izquierda sostenido por dos muletas. Está entumecida, hinchada, a punto de reventar. “Tendrías una moneda”, dice a modo de ruego. “Che, ¿tendrá la pata así?”- me pregunta mi amigo. “Creo que sí”- le respondo.
Dos cuadras más, un nene de cinco años con un cartel en sus manos, se cruza en el camino. Adiestrado, el pequeño con mocos en la nariz, el pelo duro y la mugre como compañera inseparable, también pide monedas. Los chicos son los enviados del diablo, mientras el hombre de rojo se multiplica en las villas mirando la tele y escuchando cumbia. ¿Por qué no está estudiando el niño? Esa maldita costumbre fomentada por los políticos demagógicos. “Vamos a crear escuelas, vamos a vencer el analfabetismo...” ¿Dónde carajos están Cristina, la Gorda Carrió,
Rodríguez Saa? En la calle, caminando, seguro que no. No vaya a ser que el supuesto ex combatiente le contagie la pobreza. O que un moco del chico le caiga en el Ricky Sarkany a la mujer del Pingüino.
Tomamos un taxi para ir a comer al Abasto y veo una imagen que, increíblemente, se esmera en recordarme que definitivamente estamos en Buenos Aires. Unos diez viejos en la puerta del hipódromo, esperando que la agencia de Palermo abra sus puertas porque se corre el Gran Premio en San Isidro por la tarde. Sí, esto es Buenos Aires. Esa es la muerte con la que convivieron y convivirán los burreros. Viven para morir por una cabeza. Sólo por eso.
En el Abasto, a metros de ese gran mercado propiedad de George Soros transformado en el shopping más grande de Buenos Aires, se come bien. Que lo diga un ruso con su señora y su pequeña hija, en un tenedor libre. El soviético abusa y abusa. Se sirve media tortilla en el plato, jamón con melón, salsa guacamole, papas fritas cortadas en julianas, ensalada de repollo y lechuga (no había tomates, por el sobreprecio) y lengua a la vinagreta. Todo para él solo, como si se tratara del último almuerzo. El mozo, uno de los tantos peruanos que caminan por Abasto, se ríe. Nosotros también. No podemos creer que, además de eso, el bueno del visitante caiga con dos nuevos platos llenos: uno de frutas (frutillas, kiwis y bananas en rodajas) y el otro con ¡cinco porciones de tiramisú! Increíble, pero cierto.
Se hizo la hora de marchar y el soviético no estaba. Yo pensé: “El tipo revienta y se muere”. Pero vive. Porque está en la puerta preparando una nueva embestida, con un digestivo cigarrillo rubio. En el paseo Gardel está la estatua del Zorzal. Y los perucas salen a borbotones. Son ocupas y otra vez la muerte sale a mi lado. Pide fuego un Don Nadie para quemar su porro. Vive para morir ahumado.
En un toque empieza Argentina. Del fútbol hablo. Y ya las baterías no responden como por la mañana. De nuevo al taxi y después de pasar por Santa Fe, de regreso al hotel. Y otra vez taxi, en este frenesí de ida y vuelta que genera Buenos Aires y que contagia.
El Gordo, un ex chofer de micros, dice que arriba de su auto está feliz. “Gano bien. Estuve 20 años en la ruta y me fui porque me había podrido”, cuenta. Le pregunto si sabe cómo va Argentina y responde: “Riquelme es un ‘mostro’, ‘esh un cra’. Hizo dos golazos, el segundo mejor que el primero. Es de otro planeta”.
No es difícil deducir que se trata de un adorador de Juan Román. Y, por lógica, fanático de Boca. “¿Vas a la cancha?”-le pregunto. “Ahora no voy más. ¿Sabés qué pasa?, tengo miedo de que me maten. Y yo al fulbo lo quiero disfrutar, antes se podía, cuando estaba José Barrita”, me dice. Vivir, una vez más, con la muerte es el tema. “Mirá, ahora pasamos por Cocodrilo. Acá Maradona sabe salir con unos pedos terribles. Lo han sacado casi muerto”, cuenta. ¿Muerto? ¿Casi muerto? El Diego no va a morir nunca, creo pensar como todo argentino medio.
Nos bañamos y vamos al Luna. El tachero (otro) está feliz porque Riquelme demostró que se equivocan con el en España. “Es un grande, ese chileno que no lo tiene en cuenta... (por Pellegrini). El que no me gusta es Heineken”, nos cuenta. En realidad se quiso referir a Heinze. Este tipo no encaja en el estándar porteño. O sí. Por ahí era un chanta que quería quedar bien con sus pasajeros. Quién sabe. En el Luna Park hay polis que fuman y charlan como si estuviesen en un café. Tal vez a cinco cuadras se estén matando por una gallina, pero esta yunta de federicos parece abstraerse de esa realidad. Entramos a ese gigante, ahora capitaneado por Esteban Rivera, el sobrino de Tito Lectoure, y sabemos que lo único que puede salvarnos es que al menos los tipos que practican el Noble Arte nos llenen los ojos. Porque es un embole. No hay gente. Hay un título del mundo en juego y un campeonato argentino (el propósito de nuestro viaje), pero a los porteños no les seduce. “Será una noche histórica para el Luna”, dicen los árbitros, una especie de cofradía reunida a metros del cuadrilátero. “Pero porque desde la reapertura, será la noche con menor cantidad de gente”. Y tienen razón. El Luna lució en un 30 por ciento de su capacidad. Lo veo al viejo Horacio Pagani (maestro de los maestros), abrazado –casi como idolatrado- por la nueva generación de periodistas de los diarios porteños. Está sentado en un lugar de privilegio al que nos hubiese gustado ir, pero bueh... “Tengo un día larguísimo. Después de la selección, me voy a cubrir el título del mundo”, dijo en la tele. Porque además de escribir, opina bien en la pantalla y habla bien en la radio. Lo bueno que tiene Pagani, un tipo que jamás pasaría un casting para ser modelo de Dior, es una hembra infartante. ¡Aguante Horacio!
Para nuestra desazón, se muere la ilusión del crédito cordobés al que fuimos a ver, justo en los 10 segundos finales. Bajó del cielo al infierno en un acto supersónico. Tuvo la gloria en sus manos, pero se quedó sin nada. Suerte que el mendocino Reveco nos regaló después un KO antológico al hígado del mexicanote Pool, de esos que vienen con efecto retardado. El cuate murió en su ley. Y Reveco vivió en su ley.
La noche termina. O empieza en San Telmo. Ahí hay vida. Ahí hay barro en serio. En un bar de mala muerte de tres por tres canta tangos como pocos Jorge Guillermo. Y estamos plenos, al menos por un rato. Caminamos con la muerte a las espaldas y la imagen persistente de que un punga armado termine con todo. Pero es sólo una aureola que hay que espantar para tratar de estar mejor. Aunque la muerte nos persiga, parece que no es nuestra hora. Si miro en retrospectiva, por unas horas, me angustio. Porque recuerdo a la Dama de Negro que vuela y vuela, como en cualquier lado. Aunque parece que su domicilio está pegado al obelisco.
Yo, gracias a Dios, puedo darme el lujo de evitarla y seguir con vida a 600 kilómetros.

JMS

viernes, octubre 12, 2007

DEPORTES

RUGBY

¿Quién es Agustín Pichot?

Leí una nota en el diario AS de España y decidí colgarla. El costado que pocos conocen de Agustín Pichot, el capitán del seleccionado argentino, que además de todo lo que se dice en esta rápida biografía, tiene a su cargo una Fundación que facilita las condiciones de estudio de chicos de la comunidad Toba en Argentina.

El socialista del rugby gobierna Argentina

Perdió dinero en El Corralito, lee a los griegos, juega al ajedrez, ama a París y dice que al jugar tiene "miedo" porque no le gusta que le peguen.
"Pichot es genuino. Al morir su padre, en 1999, en pleno Mundial de Gales, con Argentina en cuartos de final, Agustín sintió un vacío. Como terapia escribió un ensayo de 150 páginas sobre la muerte y la vanidad de la existencia, cuajado de referencias a Freud y Sartre. Lo tituló La mediocridad del éxito. De familia burguesa, le dijo a su padre que quería jugar al rugby y éste le respondió: 'Estudia, del resto me encargó yo'.
Fue repudiado por su federación por irse al rugby profesional inglés, pero no dudó en cruzar el Atlántico para jugar con los Pumas por 20 libras al día. De Richmond pasó a Bristol, donde fue el primer argentino en capitanear a un equipo inglés. El día antes de jugar ante los All Blacks, en 2001, su familia recibió una llamada: "Saquen el dinero del banco". Pichot se centró en el partido y perdió todo en El Corralito, pero "jugué uno de los mejores partidos de mi carrera".


Amante fiel


En 2003 emigra a París, "mi amante fiel", a enrolarse en el Stade Français de Max Guazzini, donde sale campeón de Francia y de Europa en 2004. Ascendió al status de estrella y sex symbol y lanzó su propia línea de moda: AG9 de Nike. Pero Pichot es camarada antes que estrella. Durante una negociación, una marca de automóviles le ofreció un coche bajo mesa para cerrar el acuerdo de esponsorización. Pichot les retó: "Si le dan un auto a cada pibe, lo cerramos ya". Hace dos meses Martín Gaitán sufrió un infarto y Agustín pasó tres noches al pie de su cama. Su relación con Guazzini acabó en divorcio por el vedettismo de éste. Para Pichot "el rugby es socialismo. O ayudas al compañero o el equipo jamás gana". Consecuentemente se fue al Racing Metro, eterno rival que malvive en Segunda. "Allá la gente sabe cuánto vale el pan. Y seguiré en el barrio (Quai Louis Bleriot), en mi café, con mi quiosquero". Este fan de Churchill, Napoleón y De Gaulle lee a García Márquez y a los filósofos griegos, juega al ajedrez, toma mate con Maradona y despacha en la Casa Rosada con la Kirchner, que quiere enrolarle en su proyecto político. Es Pichot, un medio melé que no esconde que "al jugar tengo miedo. A nadie le gusta que le peguen". Un tipo genuino.


jueves, octubre 11, 2007

DEPORTES

RUGBY

El rancio sabor del amateurismo

El miércoles por la noche vi Tercer Tiempo, un muy buen programa de ESPN que analiza la actualidad del campeonato mundial de rugby que se juega en Francia y, en particular, el estupendo momento de Los Pumas.
Todo marchaba bien hasta que escuché a Rodolfo Michingo O’Reilly, alguien que merece mi respeto como hombre de rugby y como persona mayor, con una gran historia sobre sus espaldas vinculadas a este deporte.
Sin embargo O’Reilly incurre en demasiados conceptos rancios de este deporte y deja la impresión de qué, en definitiva, no puede ni quiere disfrutar de este presente del seleccionado argentino.
Dijo O’Reilley, firme en su discurso:

“Están haciendo que suceda a la inversa, porque el rugby podían jugarlo todos, y ahora sólo podrán hacerlo unos pocos. Esto es la consecuencia de lo que quieren mostrar los medios, porque el 80 por ciento de la gente del rugby está en contra de la profesionalización. Los medios ahora presionan para hacer de esto algo exclusivo”.

“Cuando aparece la sensación de ganar, termina perjudicando al juego. Entonces, se rompió la historia de derechos y obligaciones, y ahora el verso es ganar. Con todo esto vinieron a robar muchos”.

“Al rugby no le cambia la vida si Argentina le gana a Escocia. El rugby no creció, porque el ídolo no genera crecimiento, es mentira que hay más jugadores que antes. El rugby creció en los ’80 y a mediados de los ’90, después entró en una meseta. No hubo aumento cuantitativo”.


“El dinero, desgraciadamente, implica otros cuidados. Debemos debatir qué rugby queremos. En el rugby nunca fue importante ganar, y si se pierde eso en función del dinero, vamos mal. Antes, los chicos de menores de 16 años querían parecerse a Ernesto Ure o Rafael Madero. Ahora los chicos no sé si quieren ser Pichot o Contepomi por el juego, o porque están todo el día en la televisión. El concepto cambió”.

Para O’Reilley la actualidad de Los Pumas es producto exclusivamente de los medios. Es una figura absatracta. Los medios siempre tienen la culpa y los verdaderos protagonistas no son reconocidos recién hasta que se sientan en el sillón del olimpo.

Estoy harto de escuchar que los “medios tienen la culpa de...”.


La tozudez y porfía de O’Reilly no es un buen síntoma para el deporte argentino, en especial el rugby. ¿Cómo reestructurar el “nuevo rugby argentino” a partir de este Mundial? Sin dudas es algo que los dinosaurios deben aceptar, preocuparse por hacerlo y dejar a un lado el falso discurso del maldito elitismo que ellos encubren cada vez que hablan en cámaras.
Es cierto que el rugby es negocio. No desde ahora. Y yo descreo que no importe demasiado la derrota en un juego. Sí, sospecho, que se desdramatiza la situación por la formación misma del jugador, donde existen los benditos valores y el altruismo fomentado por toda esta gran familia.
También descreo que, como dice O’Reilly, la victoria sea siempre del equipo y que es imposible que un jugador -o mejor dicho el individualismo- pueda ser factor determinante en un match. ¿Qué dirá O’Reilly de aquel 21-21 en Ferro, en 1985, entre Argentina y All Blacks? Hugo Porta, tal vez el último romántico del rugby, anotó la totalidad de los puntos argentinos. Es un caso que bien puede servir de ejemplo pues este deporte también admite jugadores distintos dentro de un grupo.
Valoro -insisto en este concepto-, todo lo que el rugby representa como divertimento, como desarrollo del individuo en la sociedad, como formación integral del niño. Pero disiento con pensamientos vetustos, inadecuados para las realidades actuales de Argentina en el concierto mundial. Y yo soy sólo un opinador mediocre que ve y escucha a lo lejos.
Los Pumas se plantaron ante la Unión Argentina de Rugby. Gritan el himno y lloran cuando salen a la cancha en el Mundial; es un grito de bronca, un mensaje encubierto para todos aquellos que jamás imaginaron en este presente (los mismos que pasean sus millones por el mundo, los cajetillas de los habanos de los que he hablado).
“No aceptar” es cerrar la tapa del inodoro. Es una escuela tan patética como estúpida. La IRB reclama mejor organización, acorde a los tiempos actuales.

Pedimos un lugar en el mundo que no merecemos por los dirigentes de la Unión Argentina; Los Pumas, por sí mismos, piden ese lugar en el mundo y ellos sí, verdaderamente, lo merecen. Por haber roto estructuras, por ser vanguardistas y masoquistas al mismo tiempo, por haber sabido atravesar mil campos minados; por estar entre los mejores cuatro equipos del planeta; por hacer que el mundo hable de ellos, incluso, los que deben hacerlo forzosamente.



JMS

jueves, octubre 04, 2007

DEPORTES

RUGBY

Los Pumas de la patria

Los Pumas están entre los ocho mejores equipos del mundo. No es casualidad. La International Rugby Board, una especie de FIFA del fútbol, dice que Argentina es la cuarta potencia en la actualidad de este deporte pero le niega la participación en los circos anuales más grandes (por ejemplo, los del hemisferio sur). El mundo habla de nuestros jugadores y el par de golpes en Francia, en el debut del torneo ecuménico ante el equipo Galo, y el domingo pasado ante Irlanda para finalizar en lo más alto en el Grupo de la Muerte. El periodismo especializado destaca el trabajo que hicieron, en los últimos cuatro años (aunque es el segundo período), Marcelo Loffreda –el head coach-, su asistente y amigo Daniel Baetti y su grupo de trabajo que incluye médicos, fisios y personal capacitado para estudiar y scautear (este es un término basquetbolero que tiene que ver con analizar el comportamiento y el funcionamiento en el campo de los futuros adversarios).
Ha sido un trabajo integral con una estructura deficitaria, aún hoy manejad
a por personalidades que entienden al rugby argentino en su sentido originario, valorando el amateurismo por encima de las realidades de los tiempos actuales.
Es la dirigencia de la Unión Argentina de Rugby la que no quiere entender que Los Pumas, por derecho propio, se hicieron grandes y trascendieron las fronteras de ese amateurismo que hoy es una página amarilla de un libro vetusto. Los dinosaurios cajetillas de este deporte fuman habanos cubanos, toman whisky escocés, hacen alardes de sus millones y se suben al carro triunfalista como si ellos hubiesen sido parte de esta historia.

Hoy el rugby es el tercer deporte detrás del fútbol y el básquetbol, con mayor cantidad de jugadores federados en sus categorías formativas. Y no hay que temerle al ocaso deportivo con la selección de Agustín Pichot, Gonzalo Longo, Mario Ledesma, Rodrigo Roncero, pues ellos se encargaron de dejar un legado in situ que ya atraparon -y del que ya se adueñaron- Felipe Contepomi, Juan Martín Hernández, Patricio Albacete, Gonzalo Tiesi, Lucas Borges, Ignacio Corleto y Juan Fernández Lobbe por nombrar a un puñado de ellos.
Pero esto es lo bueno que los deportes de conjunto suelen dar cuando las mejores cosechas funcionan como tallos reproductores de una viña que, sin dudas, pronto será aún más rica. Ocurre lo mismo en el básquet, el tenis o el voleibol.
Los Pumas hoy están en la cúspide. En el mejor momento de su historia. Y sí, son los mejores Pumas de la historia aunque de las proezas ante Springboks, All Blacks o Wallabies, sólo haya leído en revistas o internet.
A través del tiempo he podido entender –o al menos trato de esforzarme a diario para seguir comprendiendo- de qué se trata el deporte. Y arribé a varias conclusiones, después de analizar por unos cinco años partidos domésticos en vivo, además de los que se juegan semanalmente en la URBA y los test matches de nivel mundial que llegan por TV por cable. Me di cuenta de que, además de un orden en sus delanteros (los tipos más grandotes que tiene un equipo de rugby, ese fantástico grupo de los ocho que se juntan como amigos para empujar cuando se agrupan en los scrums o en los mauls) y de la capacidad de sus tres cuartos (los que mueven la pelota y en teoría hacen el trabajo más “simple”), Argentina tiene otro condimento que le ha valido el respeto. Este grupo siente que hay una manera de defender a la patria en una batalla y es hipotecando sus piernas y su cabeza a cada momento; es la expresión máxima de patriotismo deportivo a cualquier precio. Y es lo que me ha gustado.
Quizá por eso los tipos han logrado entrar en muchas casas en donde se veía Crónica TV o Discovery Channel, y no ESPN. Hoy todos saben que Los Pumas están haciendo algo fuera de casa y lo están haciendo demasiado bien.
Lo que también me atrapa de esto es que, como decía James Guillenwater (un intelectual que cayó en Santa Rosa para practicar el deporte) "el rugby es como una tragedia griega, pero sin desdichas".
Por eso Los Pumas se fueron aplaudidos por los impúdicos jugadores irlandeses y después tuvieron que soportar, con la mandíbula por los botines, la felicidad argentina como una espina en el zapato.
Al margen de ello, me sorprende la madurez de este grupo. Y rescato las palabras sinceras, medidas y honestas, de Agustín Pichot, tal vez el mejor medio scrum argentino de la historia: “Nosotros no podemos ir al Mundial para ver qué pasa. Tenemos que ir a ganar todos los partidos. ¿Podemos? sí, claro que podemos”.
No fue una expresión demagógica, por el contrario, fue un pensamiento que habla -necesariamente- de cómo debe mentalizarse hoy un jugador en el concierto mundial para conseguir resultados. En el fondo Pichot sabe que hablar desde el engreimiento sería pecar al segundo de haberse confesado.
Son profesionales por derecho propio, es cierto, pero son profesionales distintos del resto. Juegan en las mejores competencias del mundo (Francia, Inglaterra, Irlanda), ganan el dinero que en nuestro país no podrían, pero defienden una bandera como pocas veces he visto. Tal vez el equipo de básquetbol que perdió la final del mundial de Indianápolis con Yugoslavia, en 2002, me haya causado una impresión similar, por encima del que ganó la medalla de oro en Atenas.
Aplaudo muy desde lejos esto. Soy uno más de los cuarenta millones de corazones nacidos en esta tierra tan herida -pero a su vez tan fabulosa- que pretende más de este equipo. Que lo imagina lejos, como debe imaginarlo cada uno de los que sale a la cancha a cumplir con la misión. Pero no puedo ser tonto. Es que si Escocia hace más puntos que Argentina el domingo, no habrá que hacer aserrín con la madera desparramada por el piso porque este grupo no lo merece. Estaríamos leyendo la misma novela fomentando
la mediocridad y el facilismo argentino de la libre opinión gratuita, una maldita costumbre que nos rodea por creernos el ombligo del mundo.

JMS

viernes, septiembre 14, 2007

Homenaje

DIA DEL BOXEADOR

Pájaros de jaulas negras

El 14 de septiembre de 1923 Luis Angel Firpo inmortalizó el boxeo. No importa su derrota en Estados Unidos con Jack Dempsey, que lo haya sacado casi del ring y demás. Es un dato anecdótico pues se trató, para muchos, de un acontecimiento único en la historia del deporte. Por eso se instituyó ese día como “El día del boxeador”. Siempre las efemérides se disparan a partir de hechos puntuales, de relevancia y el boxeo celebra como su día cada 14 de septiembre. Igual que el día del niño, del padre, la madre, el abuelo, el abogado, el doctor o el arquero.
De modo que levantar el teléfono, llamar y decirle a un trabajador de los puños que tenga un buen día, puede sonar como un acto simbólico. Sin embargo en el fondo hay algo más en ese mensaje. Es el reconocimiento y el agradecimiento, un feedback entre admirador/admirado que puede ser reconfortante.
Muchas veces el deporte y los deportistas son y serán enjaulados en celdas negras, marginales, en la cuna misma desde donde emergen los protagonistas. Casi con desvergüenza se habla de las cualidades del deportista fuera del cuadrilátero y esas consideraciones no son más que actitudes hipócritas
, cuanto menos, infortunadas.
Conozco el deporte (gracias viejo!) desde que tenía 4 ó 5 años. Hace más de 25 que me enamoré del boxeo, los gimnasios, las sesiones de guanteos y me entrometí -como pocos- en los pormenores de las vidas de muchos tipos que se ponen un par de guantes de 10 o 12 onzas, una coquilla y botitas para salir, embadurnados en vaselina, a función. Fui hasta parte de sus vidas y he seguido (en mi delirio apasionado) entrenamientos a las 4 de la mañana, conocí a campeones del mundo y hasta fui testigo de la reinauguración del Luna Park, ese templo del boxeo sudamericano. Y por eso
siempre seguí una norma, la misma que llevo cada vez que pedaleo en mi bicicleta: si hablan y caminan, son de mi especie.
Tienen y padecen las mismas miserias de todos los seres humanos. Llegan a callejones sin salidas como cualquiera de nosotros. Son ricos y pobres a la vez; desmemoriados y frágiles, pero tienen un corazón a prueba de cañones que otros no. Y se sienten íntegros defendiendo ese corazón firmando un seguro de vida antes de que suene la campana (o el timbre, en este boxeo contemporáneo).
Son caballos salvajes en un terreno habitable sólo para ellos. Y allí enfocan su objetivo en el contrario con un odio efímero. El “Noble Arte” como lo llama el sociólogo francés Loïc Wacquant, es capaz de generar una relación de odio-amor por el prójimo en cuestión de segundos. Esa es, entonces, una causa a plagiar para los supuestos personajes alérgicos al olor a linimento, el asombroso mundo del proxenetismo y la delincuencia.
No se puede etiquetar al boxeo trivialmente; hay que entender de qué se trata, quiénes son sus actores primarios y cuáles aquellos que cumplen roles de reparto. Es un mundo aparte. Un “Mundo maravilloso” al que no creo pertenecer aunque muchas veces el deporte mismo me lo haga sentir.
Sí me siento íntegro defendiendo al que intenta escapar de la miseria con una propuesta tan digna y auténtica: sobre un ring y con la visita insistente de la Dama de Negro.
Generalmente todo suele ser por apenas dos pesos. Sin embargo, el fin es el mismo: ganar en el boxeo es sentirse parte de la sociedad. Es un mensaje que, en definitiva, deposita al individuo en los ojos del mundo real. Al menos cuando tiene sus cinco minutos de fama. Y eso vale más que un millón de palabras.

Johnny Nonnel

jueves, septiembre 13, 2007

Poema invitado


Inscripción Sepulcral


He visto al dorado ocaso alto por el jardín filtrarse.
He visto a Saramago y al dios de Saramago.
He bebido del pecho de Whitman, como todas las criaturas
del universo han bebido.
He visto a Job dividirse en tres.
He amado a todas las mujeres y probado la miel de unas cuantas.
He visto al abuelo sembrar el cerezo y he visto al cerezo ver morir
al abuelo.
He visto la cara última de la cicuta.
He sido la noche y su laboriosa complicidad.
He visto la cara oculta de las treinta monedas.
He sido el horno, el pan, la boca, la satisfacción, el hambre.
He sido los amores de Aracne y la ira de Atenea.
Fui dueño de todas las miserias: las de los hombres y las de los
dioses.
He visto a Dios confundir los idiomas y destruir ciudades
con fuego.
He visto nacer a Ra y he concebido el Océano.
El viejo Caos me buscó para que erigiéramos el orden.
He sido el tálamo donde Ulises talló su amor y he sido las manos
que tallaron el tálamo.
He sido el hilo con que Penélope tejió y destejió el tiempo.
Fui la cifra de una causa,
Y ahora, soy materia del habitual olvido.

SLS


Este es un bello poema de Sam. Permiso amigo!

Poema III


La cara de la palabra

¿Cuál es la cara de la palabra escondida?
Quisiera saberlo/Quiero saberlo.

¿Qué oculta su rostro de misterio?
Quisiera saberlo/Quiero saberlo.

¿Qué es el amargo dulzor de su voz?
Quisiera saberlo/Quiero saberlo.

¿Qué es lo que trama?
Quisiera saberlo/Quiero saberlo.

¿Qué es lo que sabe?
Quisiera saberlo/Quiero saberlo.

En ese espacio paradisíaco
con los aires surrealísticos,
el lado oculto de la luna
siempre está,
primaveralmente.

Es ahí donde asoma sus dedos
y dispara mil palabras
bellas,
generosas,
dadivosas.
No creo merecerlas
de nadie.

Soy un mar sin olas,
a veces intransitable.
Sólo aquellas almas
dispuestas
llegarán a navegar
en mi espacio infinito.Y allí dormirán
en un instante eterno
en mi regazo cómplice
acariciadas por el grito del silencio.
Es la invitación
a la paz magnánima.
Sin husmeadores en la costa.

Silamim


Poema II

Rostro nostalgioso

Ay,
dueño de ese gris inconmensurable;
de ese techo ingobernable;

Ay,
amo natural del desconcierto;

Ay,
escenario indómito,

Cuándo alumbrarás a los habitantes
del asfalto transpirado?

Es esa tu cara de nostalgia?

Pues así parece.


Silamim

Poema I

Inundación celestial

Me mojo, a mi antojo;
con gotas, me mojo;
y siento el despojo,
de mis ojos rotos;
del agua que cae;
del agua que sale;
del agua que espera.

Me mojo libre,
en el espacio infinito
de la bendición celestial
que cae
(como caricia efímera).

Es su palmada
del ángel que vuela
con alas verdosas,
mientras se suspende
(siempre invisible).

Me mojo de nuevo,
ya perezoso.
Y espero el momento
para salir del tedio
(del eterno tedio).

Acaso no sea éste
el lugar que me inunde
de felicidad eterna.

Silamim

viernes, agosto 31, 2007

PLASTICA

XUL SOLAR

El neocriollo fantástico

Oscar Agustín Alejandro Schulz Solari, Xul Solar, nació en San Fernando, Buenos Aires, 14 de diciembre de 1887 y murió en El Tigre el 9 de abril de 1963. Fue pintor, literato e inventor argentino autodidacta.
Su padre fue Emilio Schulz Riga, nacido en Riga actual capital de Letonia y entonces Provincia de Livonia bajo el poder del zarato de Rusia, y su madre Agustina Solari, nacida en la ciudad de Zoagli, en la provincia italiana de Génova. Durante su estadía en París adopta en 1916 su nombre artístico de Xul Solar, en el cual unifica el apellido paterno ( transformándolo en anagrama del vocablo latino lux, es decir luz, y el apellido materno al cual relaciona con el suelo y el sol), apellido artístico por el cual es conocido posteriormente. A su regreso a la Argentina trabaja como ilustrador para la revista Martín Fierro (1924-1927). Además fue amigo de Jorge Luis Borges. Su casa, en el Barrrio Norte de Buenos Aires, se transformó tras su muerte en el museo de su obra.
Xul Solar fue un personaje excéntrico, versado en religiones, en astrología, ciencias ocultas, idiomas y mitologías. El propio Borges contribuyó decisivamente a que se lo conociera, exaltando su figura singular, antes que su obra. Borges hizo saber que Xul era inventor de una panlengua, que de algún modo reflejaba todas las lenguas de la Tierra, y correspondiente con ésta, de una lengua argentina específica a la cual ha llamado neocriollo.
También había inventado un panajedrez, en el que los escaques convencionales son más, situados en varios tableros dispuestos verticalmente y que se relacionados con las constelaciones y los signos zodiacales. Según Borges, Xul había creado varias cosmogonías en una sola tarde.
La pintura de Xul Solar es fantástica, antes que surrealista, como a veces se la definió. Cuerpos, máscaras, astros, cúpulas, ojos, banderas, escaleras, edificios, figuras precolombinas, signos de todas las religiones, flotan en el espacio, sin apoyatura en una suerte de bricolaje. Recuerdan al arte primitivo rupestre. Y sugieren la realidad como una serie de visiones sin tiempo ni espacio. Son obras cromáticamente intensas aunque generalmente de formato pequeño.

www.slide.com/r/FotEC6Qe3j8ZZ5sPwZc90JGcHc4jwRgg?view=original


domingo, agosto 19, 2007

MUSICA

"MAS DEL BARRO"
Rock hecho por pampeanos
Foto: Miguel Moreira.

“CatalinaTom” presentó “Más del barro”. Y las casi quinientas personas que colmaron el Aula Magna el viernes 17 de agosto se llevaron una sensación: el disco no es más que un disparo de rock pampeano, hecho y cocinado en casa.
Los Catalina son el producto de la generación de los noventa que creció escuchando Sumo, Divididos, Rolling Stones, Tom Waits, Pearl Jam, Jimi Hendrix y el mejor blues hecho en el mundo. “Más del barro”, el primer hijo musical, dejó además un sello de pertenencia a esta llanura que sirvió de trampolín para llegar a la meca del rock nacional, aunque sea mostrando las credenciales de un pasado incógnito: Buenos Aires. El efecto BA fue, sin dudas, el disparador final para que este disco (conceptualmente muy bueno) esté hoy en la calle con nueve canciones.
Pero sin desprenderse de ese lazo que los une, indefectiblemente, a un lugar mal catalogado de guitarreros y poetas tristes.
Juan Ignacio De Pian, una rara mezcla de cantor urbano mutado al personaje salido de la Escuela de Rock que tan bien interpreta Jack Black, acepta su rol de showman y canta cada vez mejor.
Es la mitad del cerebro de Catalina, la cara visible de una criatura de cinco años. La otra mitad la propone el guitarrista Mauricio Flores, con pasaporte ya al Hall de la Fama de la música doméstica. Es tan grande lo que hace Flores en sus solos, que es capaz de sostener y conducir musicalmente este ómnibus, por momentos transformado en un tren a todo vapor.
De Pian hablaba de fortuna. Porque mucha gente adoptó a Catalina como propia y está bien.
Un óleo nuevo para el mural, nunca suena mal. Y en esa pintura gigante, De Pian halló los colores primarios: Juan Pedro Dominicci (exquisito con la guitarra clásica en “Son of the beach” y “El águila que llora”), Pablo Ardovino y Nazareno Ribeiro, siempre equilibrados en un termómetro de mercurio que nunca se revienta.
Flores entra una y otra vez en el estado de éxtasis en el que parecen estar todos los CT, cuando grita en solitario en “La Dancera” y en ese visceral blues que es El Vago, en un homenaje sentido a Bustriazo Ortiz.
Si bien el concierto fue rock crudo y puro, los picos más altos llegaron en la intimidad, con De Pian sentado en el piso para el Aguila y el son, y sobre todo en esa zamba con reminiscencias floydeanas. Cuando la puerta se abrió, “CatalinaTom” la atravesó y firmó su mensaje musical, un mensaje de rock vernáculo que les pertenece a todos.

Nota: Sospecho que estoy cansando ya con CT y con este capítulo cerraré una historia. Pero era necesario terminar bien una buena comida después de la entrada, el plato principal, no podía perderme el postre.

miércoles, agosto 15, 2007

Libros

"El informe de Brodie"

Si alguien como yo hasta ahora no leyó a Jorge Luis Borges y quiere acercarse, les recomiendo que lean "El Informe de Brodie", once cuentos simples, desnudos y llevaderos. Ahí refleja su pasión por las historias de los duelos de los personajes de pueblo, que tan bien reproduce. Es de 1970, en una etapa de su vida en la que regresa a las historias domésticas.
En dos de esos cuentos -de hecho lo dice en su prólogo y deja que el lector devele esa incógnita al final-, "Juan Muraña" y "El Encuentro", Borges logra de manera estupenda otorgarle vida fantástica al puñal. Es un libro corto y alguna edición usada se puede conseguir por 12 pesos en Santa Rosa.
Si bien "Juan Muraña" y "El Encuentro" son dos relatos estupendos, a mi me gustó mucho "El Evangelio según San Marcos".
Les paso el link: http://sololiteratura.com/bor/borelinformelibro.htm



sábado, agosto 04, 2007

Música


"Más del Barro", un disco made in La Pampa

"CatalinaTom" prepara su primer gran desafío musical con "Más del Barro", su disco debut de estudio, cuidado al detalle y horneado en casa con la complicidad del ingeniero Ariel Malizzia y los estudios "InterM".
Contar cosas de "CatalinaTom" y su disco es contar el presente de una formación vanguardista que supo capturar el legado de la música vernácula que bien capitalizó Juan Ignacio De Pian, después de atravesar diferentes proyectos tierra adentro y tierra afuera. Llegó, acaso, en el momento de mayor madurez musical de un artista que encontró en el instante preciso a tres músicos completos: Nazareno Ribeiro (bajo), Pablo Ardovino (batería) y el exquisito Mauricio Flores (guitarra).
De Pian escribió con el sentimiento de una realidad con mundos diferentes, desde el sonido urbano de Buenos Aires hasta su Santa Rosa llana, con una historia irremediablemente inspiradora que supo tomar de los grandes poetas y músicos que habitaron y habitan este suelo.
Por eso el homenaje a Bustriazo Ortiz en una versión impactante de "El Vago"; por eso el ruego a modo de protesta de la problemática de las aguas y la pregunta al unísino de su destino: "¿Dónde está ese río Salado?".
El rock "eStar" se conecta a los orígenes de una formación que se metamorfoseó hasta tener un sello propio. Fue cuando De Pian imaginó las melodías en su cabeza para crear una fusión made in La Pampa, diferente de las fusiones de los artistas contemporáneos de rock argentino, muchas veces con propuestas demagógicas que pretenden demostrar que un charango puede emparentar el rock con un carnavalito.
El combo de CT es jugoso. "A marga" es una milonga con participación de Alberto Mansilla en bandoneón. A De Pian le sienta tan bien el arrabal que es capaz de transportar a sus receptores a un viaje supersónico e imaginario por las calles de San Telmo.
En "Necesito una luna" hace partícipes al coro de niños de Sylvia Zabzuk, en un gesto que lo conecta con la cantautora misionera, de quien aprendió muchos secretos a la hora de transmitir vocalmente sus interpretaciones.
"La dancera" es, acaso, la canción más bella del disco. Y tanto aquí como en la milonga, hay una gran participación en los arreglos de Nazareno, criado musicalmente en el folclore y el tango. La zamba con acordes bluseros es un deleite, sobre todo cuando Flores dispara sus notas en soledad. Es el "Flower’s time" del disco y el guitarrista se esmera en aprovechar cada segundo a tope. Alvaro Torres, ex tecladista de Los Piojos, se suma a este viaje y es un pasajero que no pasa desapercibido. Por eso se acopla perfectamente sin romper el estado de éxtasis en el que parecen estar cada uno de los Catalina. El mismo éxtasis que disfruta en un escenario, es el que depositará a la banda en la carretera popular, cuando la música deje de pertenecerles para viajar por el mundo: "From Santa Pampa, La Rosa".


Aquí les adelanto un par de los nueve temas que tendrá el disco:
"Milonga a Marga": www.goear.com/listen.php?v=2f8e732
"eStar": www.goear.com/listen.php?v=a7bd648








jueves, agosto 02, 2007

MÚSICA

JAZZ

Mingus tiene el swing en la sangre

Empecé escuchando jazz hace un tiempo y pasé por muchos artistas del género, del 50 al 70. Desde Miles, hasta Coltrane, Adderley, Charlie Parker; conocí los históricos como Louis Armstrong, Duke Ellington y los contemporáneos, como Herbie Hankock. Todos ellos, por citar sólo algunos, me llenan el alma y cubren espacios vacíos. Pero Charles Mingus me fascina. Cada cosa que hizo como sesionista o band lider, me conmueve. Un disco altamente recomendable es “Money Jungle”, con Max Roach en batería y Ellington en piano. También me gustó mucho “Tijuana Moods”, un disco doble reeditado. Pero uno de mis preferidos, de esos a los que vale la pena ponerle cinco estrellas, es “Blues & Roots”, grabado el 4 de febrero de 1959. Mingus lidera una formación en donde Mal Waldron sobresale en el piano, Dannie Richmon brilla en la batería y los vientos aportan un sonido inigualable con los saxos altos John Handy y Jackie McLean, Ervin Booker en tenor y Pepper Adams en barítono, además de los trombones de Willie Dennis y Jimmy Knepper.
Si quieren mover sus pies al ritmo de los platillos o el contrabajo de Mingus, éste es un disco recomendable.
Hay blues, espiritual, gospel y hasta dixieland, en un tributo a Jelly Roll Morton (para muchos el padre del jazz) con My Jelly Roll Soul. Particularmente a mi se me transforman las venas cuando escucho “Moanin’” y “E’s flat Ah’s flat too”. Pero no hay desperdicio en esta otra obra maestra del genio.

viernes, julio 27, 2007

Música

El esperado disco debut de CatalinaTom

Foto: Walter Brandimarte

El próximo 17 de agosto en el Aula Magna de la Universidad Nacional de La Pampa, CatalinaTom presentará "Más del barro", su esperado disco de estudio que promete sorprender.
La formación que encabeza el cantante Juan Ignacio De Pian, con Mauricio Flores (guitarra), Nazareno Ribeiro (bajo) y Pablo Ardovino (batería) como compañeros de esta ruta de caminos llanos, logró plasmar en el disco debut su momento de madurez musical y personal, después de la experiencia recogida en los últimos años en diferentes escenarios de la ciudad y, sobre todo, Buenos Aires.
Es CD grabado en el estudio InterM de Santa Rosa, con la colaboración del reconocido ingeniero Ariel Malizzia, tendrá un sonido muy propio de la formación, en donde se fusionan zambas con guitarras eléctricas, percusiones y voces en falsete del propio De Pian que invitan a un viaje por demás placentero.
“El Vagoo”, “Salamanqueando”, “La dancera”, “Amargo dulzor”, “Milonga a Marga”, “El ciego más bizarro”, “El reflejo”, “El vago”, “Necesito una luna”, “Más del barro” entre otros, son temas que formarán parte del disco.
Las entradas se pondrán en venta la semana próxima y se conseguirán por $5. En el hall también se venderá el disco por $20.

viernes, julio 20, 2007

Semblanza

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miércoles, julio 18, 2007

Magna Jazz II

Un concierto impecable



Sábado 14 de julio de 2.007
Aula Magna de la Universidad Nacional de La Pampa
Fotógrafo: Miguel Moreira

Fotos magna jazz

El padre de la criatura



Mariano Otero. Fotos: Cecilia Fernández.

martes, julio 17, 2007

Poema


Dicterios

Hijo de puta.
Forro.
Mogólico.
Mierda.
Pelotudo.
Boludo.
Forro.
Hijo de puta.
Eso es lo que soy
(para ella,
sólo para ella).
¿Lo pensará en serio?

Silamim

Poema


Silencio impredecible

Suena el teléfono y sueño
una vez más con mis propios sueños.
Pero estoy despierto.
Es una voz oscura, cargada de ira.
Y no me resisto a compartir mi dolor.
Voy a su encuentro,
a su largo encuentro,
aunque apenas sea una voz,
lejana.
Las almas penosas me rodean de un dolor que no puedo sostener.
Y de repente la voz se convierte en grito,
la dulzura es amarga como la tierra,
el agua se contamina de dolor y se expulsa en los ojos,
que le abren la puerta al vacío del dolor
(húmedo y mojado dolor)
luego confundido en un abrazo
profundamente violento.
Retumban los tambores,
y el ritmo es una orquesta infernal que asusta.
De repente todo se silencia
mientras la dama de negro parece mostrar su imagen invisible.
Pero ahí está la luz,
brillante luz,
para acariciarla a ella,
adn de mi adn;
río rojo de mi mismo río,
para inmacular la fusión
y espantar a Rasputín,
que se aleja solitario
en un silencio impredecible.
Tal vez para siempre.
Acaso para nunca más volver.

Silamim

Poema

¿Qué voy a hacer?

Son mis ojos que no ven
lo que deben ver.
Es mi corazón que late
sin saber por qué.
Es mi cuerpo el que se derrite
como hielo en el desierto.
Son mis piernas, la que ceden,
sin deber.
Son sus palabras,
malditas palabras,
que disparan las municiones más pesadas.
Como una guerra infinitamente insoportable.
Porque soy débil de alma.
Porque mi bondad me pertenecerá para siempre.
Sin ser el tirano que parezco ser.
“Si soy así,
¿qué voy a hacer?”

Silamim

miércoles, julio 11, 2007

Nota



NOTA DE TAPA/MARIANO OTERO

“Trato de hacer música honesta”


El contrabajista, líder de la formación que el sábado se presentará en el Aula Magna en la segunda edición de Magna Jazz, explicó que busca ser auténtico a la hora de expresarse sobre el escenario y, sobre todas las cosas, sentirse pleno con su interior y sus deseos.

Mariano Otero es simple. No parece el esposo de Florencia Peña contaminado por las mieles del estrellato al que muchos se pegan. Es un pibe de barrio crecido en Avellaneda, hijo de un músico y una psicóloga, que quiere tener su lugar en el mundo escribiendo y haciendo jazz. Pero un jazz que lo haga sentir completo en el escenario en donde pueda disparar esa entrega espiritual que todo músico tiene adentro.
“Es un abismo de diferencia entre ir a tocar a una fiesta o tocar la música que uno disfruta tocando. Ahí es donde realmente hay una entrega espiritual”, le dice Mariano a Kresta, a un par de días de actuar en la segunda edición de Magna Jazz con su orquesta de 13 músicos.
El contrabajista lidera este proyecto inusual para el género en un momento del jazz argentino que crece en silencio pero a pasos insospechados. Porque mucho se escuchaba del Mono Villegas, Walter Malosetti, Oscar Alemán y las grandes orquestas de jazz americano que desembarcaron en el país hasta los 80.
Después hubo otras historias. Solitarias por cierto. Y más acá en el tiempo, las apuestas solitarias sostenidas en bares exclusivos, acompañadas de una carga de perseverancia que ha cosechado muy buenos hijos. “Lo que está pasando es real. Hay cantidad de grupos tocando como Escalandrum, Rodrigo Domínguez, Ramiro Flores, Mariano Loiácono... No había gente escribiendo música buena a la altura de tocar en cualquier festival, inclusive de Europa” cuenta Otero, con tres discos como protagonista central: “A través” (Bau Récords 2003), “D.Forma” (S-Jazz, 2004) y “Tres” (S-Music Récords, 2006).
La orquesta funciona con los pulmones de cada uno, no solamente los que ejecutan los vientos. Porque, como dice el líder, todos “reman” en este barco gigante de la Argentina de principios de milenio.
“Acá nadie puede pagar los ensayos y laburamos porque nos gusta la música. En los shows trato de que los músicos tengan las mejores condiciones que se puedan conseguir para que el esfuerzo esté recompensado, porque todos empujamos para el mismo lado. Tal vez tengamos una mentalidad cooperativista. Hay determinadas orquestas en donde un tipo las banca, pero acá no es así. Tengo otra formación como quinteto o sexteto, además de la orquesta, y al que le interesa el proyecto se suma. Más allá de que es nuestro medio de vida, no lo tomamos exclusivamente como un trabajo, disfrutamos haciendo la música que nos gusta. Por ahí tocamos en fiestas, en lugares donde nos llaman, pero no es lo mismo”.

- Hay una diferencia que debés notar con la orquesta a la hora de expresarse en el escenario.
- Es un abismo de diferencia entre ir a tocar a una fiesta o tocar la música que uno disfruta tocando. Ahí es donde realmente hay una entrega espiritual, por eso lo que queremos hacer cuando tocamos puntualmente la música que nos gusta, es tratar de elevarla y llevarla al extremo musical que se pueda.

- Formar parte de un proyecto de orquesta, donde aún las grandes orquestas dentro del género están emparentadas con el jazz tradicional, ¿qué repercusiones te ha traído?
- La repercusión en Buenos Aires está a la vista. Tuve como un montón de evoluciones en el trabajo, el Premio Clarín, la nominación a los Gardel, vendimos 2500 discos, llevamos 13 lunes en la Trastienda llena, participamos en el concierto de Dave Holland y está comprobado que la orquesta funcionó. Eso, para mí que soy el líder del proyecto, es muy importante. Cada paso que damos es como que hay una expectativa muy grande. Me llegan mails a la página todos los días, de los shows, de cómo la pasaron. Eso está bueno.

- ¿Sospechabas que iba a poder funcionar como ha funcionado?
- Por un lado sabía que iba a funcionar en el aspecto humano, porque conozco a los chicos, todos nos conocemos más allá de que cambiaron algunos músicos. Los que se fueron significaron mucho y los que están ahora también representan mucho para la orquesta. La cuestión pasaba por saber cuán rápido podían decodificar la música que yo tenía en la cabeza. Y también para que a los chicos se les hiciera placentero. Escribir la música, se escribe, lo hacés y ya, lo difícil es juntarla. Yo no voy a desprenderme del ojo por lo que digan lo demás. Soy eso, lo que suena en “Tres”, el disco de la orquesta, y soy el disco que estoy por grabar ahora.

- Hay una influencia muy marcada en el sonido de la orquesta emparentada con el sonido de Charles Mingus en sus grandes formaciones. ¿Lo buscaste?
- Admiro muchísimo a Mingus, tanto musicalmente como política y filosóficamente. Pero también he escuchado a Dave Holland, Stravinsky, Miles Davis, Led Zeppelin, Jimi Hendrix... La referencia a Mingus es muy clara desde algunos puntos de vista, me gusta la música desprolija, que tiene ruido, que no está hecha con un objetivo de aprobación, me interesa la música honesta y es lo que trato de hacer.

- ¿Sos consciente que desde la aparición de proyectos individuales, fusionados con el tiempo y sobre todas las cosas con la perseverancia de insistir con una propuesta auténtica, se ha logrado alcanzar una identidad que el jazz argentino no tenía?
- Jazz argentino, eh, no sé... En realidad en mi cabeza no tengo la pretensión o el deseo de hacer jazz argentino, tengo la intención de ser expresivo, escribir y tocar un instrumento. Tengo el bagaje de los que nacimos en Argentina, soy de Avellaneda, mi papá es músico, mamá psicóloga y eso arma algo de lo que tiene que ver con mi identidad. Yo trato de ser un artista honesto y escribir la música que me identifique y me haga sentir pleno espiritual e intelectualmente, que me mantenga vivo. No le busco una conexión con lo argentino, sino con mi interior y mis deseos.

- Muchos no quieren escuchar o ver lo que hicieron en el pasado. ¿Te gusta lo que pasó con A Través o D.Forma?
- Yo soy muy movedizo. Estoy por grabar un disco nuevo con la orquesta, el quinteto o sexteto es música mía y lo que hice me gusta mucho. Si me preguntás cómo sería esta música más adelante no lo sé, por lo pronto yo me veo continuando en el camino de investigar en la composición, cada vez de manera más profunda. Me interesa desprenderme de las cosas, porque me hace crecer, uno o dos discos por año me hace bien. Avanzo sobre mí. Creo que voy a hacer lo mismo pero evolucionado, como intento que sea el nuevo disco del anterior. Cuando miro para atrás siento paz, porque hice las cosas con honestidad. Nunca me tiré a chanta y eso me hace bien.

- ¿Cómo te llevás con la docencia? ¿Ves interés de muchos chicos por conocer el género?
- En mi experiencia dando clases en estos últimos años vi muchísima gente. En la orquesta tengo un músico que fue alumno mío. En el quinteto también, hay un músico increíble al que conocí dando clases. Y yo también fui alumno de tipos con los que toco. Se está agitando mucho en los últimos años y me parece que lo que está pasando es real. Hay cantidad de grupos tocando como Escalandrum, Rodrigo Domínguez, Ramiro Flores, Mariano Loiácono, Oscar Giunta, Javier Malosetti, lo que pasa es real. No había gente escribiendo música buena a la altura de tocar en cualquier festival, inclusive de Europa. Me parece que esto va a trascender las fronteras de lo estilístico.

- Pero da la sensación de que aún hoy hay chicos que prefieren aprender un par de acordes de guitarra y formar su banda de rock.
- Yo me crié escuchando rock. Pero probablemente el profe le enseñe la canción de esa manera porque también necesita ganarse el mango y el pibe está identificado con un fenómeno social. La juventud quiere ser famosa, comprarse un instrumento y ser famoso. O tener buena ropa para estar en el Pepsi. Me parece más revolucionario y moderno la música que tiene que ver con jazz o rock, a aquella música hecha para generar un éxito y llenarse de guita. Pero hay mucha juventud entendiendo lo que estamos haciendo, hay otra búsqueda y una libertad o expresividad que tal vez no la encuentren en otro género.

- De todos modos el jazz no tiene un lugar en la preferencia de las discográficas. ¿Cómo se puede luchar contra eso?
- Mi primer disco lo grabé con BAU Récords, después grabé por la EMI gracias a que grabé un disco de manera independiente. El momento más importante tal vez no fue ese, por ahí lo bueno fue conocernos con Adrián (Iaies) y Alejandro Varela. El disco más importante que hice fue Tres, con S-Music. Pero no podría haber llegado a eso sin haber grabado de manera independiente. De todos modos el músico de jazz vive de tocar y dar clases. La suma de hacer diez shows, trabajar en dos lados distintos y ocupar tu tiempo así, hace que seas un changuero calificado: cuando más changas hacés, mejor te va.





miércoles, junio 27, 2007

jueves, mayo 31, 2007

Relato breve


Manos que dicen


Las manos siempre me produjeron curiosidad. No sé por qué, pero creo que son capaces de definir las personalidades y los actos de los seres humanos. ¡Y vaya que hay manos!Creo que en una galaxia, yo elegiría la constelación más próxima si me dieran alternativas y allí depositaría las manos de mi padre. Y haría esta elección no como un simple acto demagógico, sino porque creo que, sus verdes ojos y grisáceo cabello –desde luego, con sus manos como disparadoras de mi análisis-, constituyen los elementos necesarios que me posibilitan transportarme en el tiempo con esa compañía abstracta tan necesaria cuando la angustia es capaz de ser más fuerte que la sonrisa y la felicidad efímera que pueden arrancar el resultado de tu equipo favorito de fútbol o básquetbol, o la victoria de un boxeador admirado. Es que estas cosas suelen ser, para aquellos que podemos llorar sin derramar lágrimas, demasiado fuertes como para tacharlas del calendario.
Por eso quiero rendir homenaje a esas manos que aplaudieron las mejores noches en las reuniones con ocasionales amigos, transeúntes de cabotaje a los que jamás podré llamar amigos. Es una manera simple, acaso muy banal, para lo que él ha representado en mi vida.
Las manos de mi padre han sido demasiado generosas. No estuvieron curtidas por el trabajo con maquinarias pesadas, pero interiormente creo que se sintieron como encapsuladas dentro de escafandra. Demasiado para tan poco. Mi memoria me trae en este momento una palma grande, dedos gordos capaces de hincharse en las noches de alcohol, con gruesas venas conductoras de sangre combinada que tornasolaba el verde, rojo y azul, en un violeta furioso.
Esas manos fueron las que, treinta años atrás, acariciaron mi rostro por primera vez, cuando mi madre aún se reponía de su anestesia. Y fueron las últimas que tomé cuando trataba de transmitirle mis energía para que despierte de ese sueño que, un rato más tarde, sería eterno. Sus manos eran ásperas, sus palmas transpiraban hasta en los inviernos más crudos, pero las tengo tan presentes que hasta me parece sentirlas como cuando un día de furia, por una travesura de niño, me golpeó hasta dejarme sellados sus dedos en mi mejilla derecha. Esa es, tal vez, la dolorosa caricia que más presente tengo, cuando –sospecho yo en un acto de arrepentimiento- pasaba su mano de un lado al otro mientras un niño que no despertaba de su miedo, se tendía en su regazo. Esa mano diestra de maestro, ensuciada con tiza blanca en el pizarrón verde del colegio Normal, es la que recuerdo a menudo pero extraño para estrecharla. Creo que lo mismo, pero en proporciones diferentes, deben sentir mis hermanos y mi madre. Era también la mano maestra de los asados domingueros, la que con el tiempo empezó a teñirse de ese amarillo opaco que delatan los rasgos de la nicotina y el humo del cigarrillo largo. De mi padre he heredado, tal vez, esa bohemia que me ha acercado a la buena música, la lectura y la pasión por los deportes, en especial el boxeo. Es un lazo que no puedo dejar pasar por alto aunque quisiera, en especial porque las fotografías en las programaciones sabatinas del club Santa Rosa con un rubio de orejas prominentes, así lo testimonian.
Hasta estos días me lamento no seguir cursando las clases de un erudito del boxeo profesional de cualquier parte del planeta. Era capaz de enseñarme el secreto para que un boxeador con un récord negativo pueda tener chances ante el mejor exponente. Es que no había perfección ni excelencia en su manera de pensar y ver las cosas. Menos en un deporte como el boxeo, al que muchos definen como el arte de pegar y no dejarse pegar. Yo entiendo por excelencia en la disciplina, aquel boxeador que haya conservado su pantaloncillo y su licencia, sin rastros de sufrimiento y dolor. No es que se trate de una medida extremista, pero intento graficar que a mi manera tampoco es válido el concepto de la perfección en el sentido fino de la palabra.
Mi padre ha apretado las manos de los más grandes boxeadores que dio la provincia. Recuerdo, por comentarios de mi madre, que pospuso su Luna de Miel por ir a alentar a un boxeador al que llamaban Zorro al estadio Luna Park, la meca del boxeo argentino. Hoy, a modo de legado, soy yo el que se conecta con la camada actual del boxeo. Y esas manos que aprieto con fuerza representan es apenas un simple formalismo que me encargo de cumplir a modo del respeto al ser humano, de testimoniar mi reconocimiento hacia esos rostros sufridos, alimentados en sus infancias a pan, tortas fritas y mate cosido. Ese es un elemento que va de la mano en la formación -en la gran mayoría de los casos- de estas almas que son hipotecadas sobre un cuadrilátero con el propósito de encontrar la fama y los millones cumpliendo un mandato simple: derribar a su oponente.
He visto manos curtidas por los golpes. Y no son precisamente las manos rosas de un escritor o un estilista. Son manos marmoladas, con palmas blanca y arrugadas con líneas infinitas que parecen representar un folleto publicitario de las salidas de los aviones de una aerolínea internacional y sus destinos. Se nutren de dedos lastimados, cicatrices, nudillos con cayos y uñas largas.
Roberto es un campeón sufrido. Se crió en una localidad muy pequeña y era uno de los siete hermanos de la familia Arrieta. Me confesó que, cuando volvió a su tierra ya con el cinturón de campeón sudamericano, sintió vergüenza. “Es que la misma gente que me saludó, es la misma a la que fui a pedirle un pedazo de pan cuando en casa no teníamos para comer”.Esas franjas invisibles en la memoria del hoy campeón revelan el camino transitado. Y cada uno de esos caminos están grabados a fuego en esas manos que jamás conocieron la caricia en la cara materna. Son las manos que golpearon mil puertas, como carta de presentación para un pedido desesperado de hambre. Las mismas que, en la adolescencia, se embadurnaron de dolor, descalcificadas, como delatoras de una alimentación deficitaria, sin proteínas ni nutrientes necesarios para la formación del ser humano que se precie de crecer al margen de la pobreza. Hoy Roberto, como cualquier boxeador, utiliza sus manos para vivir. A costa de cualquier recompensa. No sólo golpea cada vez que sube a un cuadrilátero, lo hace a diario en sus entrenamientos solitarios ante la bolsa o los sparrings. Aquí voy a permitirme reparar en una cuestión acaso muchas veces pasada por alto por los improvisados periodistas o aquellos privilegiados espectadores de ring side, capaces de elaborar una crítica en cuestión de segundos. Es el facilismo con el que se suele opinar, sin conocer el trasfondo del individuo que busca la paz que puede darle un colchón de billetes mientras convive, de manera casi inconsciente, con la muerte.Las manos de Roberto hoy están cargadas de historia. Desnudas, caminaron y se secaron en el frío del oeste; vestidas con las mejores ropas, se pasean como una de las más cotizadas del pago pues ellas tienen la capacidad de abrazar y amasar los millones de un título del mundo.
Sin embargo en el mundo muchas manos esperan con mirada al cielo, como si se trazara una perpendicular imaginaria perfecta con los brazos pegados al cuerpo. Es un llamado que pocas veces se atiende, con ese recipiente de respuestas vacío que aguarda y aguarda.
Como Norma, la madre de Andrea, desaparecida cinco años atrás en un episodio gris -por no decir negro-. Ella espera a la niña que será siempre, la que lleva su misma sangre. Y se desespera cuando por las noches oye su voz, de auxilio, en el subconsciente que la acerca del más allá terrenal o galáctico. Porque sus manos son las que se cierran y golpean en su cabeza por la desaparición repentina por haber hecho oídos sordos a su ruego con mares de sangre desparramados bajo la piel con la violencia como compañera del miedo. Es la muerte misma que no quiere imaginar, pero que parece cada vez más cierta; es la angustia que a diario le corre por su cuerpo mientras el hombre de Andrea, al que muchos apuntan como el responsable de su ausencia mágica, cuenta los días para recuperar la libertad.Son las manos de la justicia teñidas, en una balanza desequilibrada en donde el bien y el mal ya no definen por penal. El mal ha ganado su partido por escándalo en un juego ilícito contagiado de trampa, como una epidemia capaz de abarcar el más grande de los espacios imaginados.Así lo ha hecho la mano del dictador provincial, que utiliza a menudo su índice derecho para mostrar el camino de una libertad encubierta, cargada de horror y miedo, potenciando el hambre en donde el hambre es rico; generando una campiña minada de holgazanes que multiplican sus salarios en cuestión de horas, siendo cómplices a la permanencia del poder del dictador. Sólo eso basta para sortear la línea de pobreza: encausarse en el mismo río que el dictador de turno.Esas manos sobonas son las que cargan con cuchillos invisibles, casi como anestésicos, en almas analfabetas complacidas con leche vencida a cambio de un voto. Sólo eso.No es necesario que repare en esto para explicar de qué se trata mi idea. Pero la clase dirigencial, cargada de demagogia, potencia la pobreza con estos mismos métodos, pues la pobreza se multiplica con el libertinaje, y el libertinaje se reproduce a borbotones, como los disparos de una ametralladora.Esas sin que son manos sucias. Y ahora quiero servirme de esta metáfora para conectarme -y desconectarme de un mundo del que no me gusta ser parte- con las manos más bellas que he visto jamás: las de mi abuela.Ella las ensuciaba con harina triple 000, preparando las empanadas para los enormes acontecimientos cada fin de semana. Ella las ensuciaba con las sabrosísimas salsas de cereza para acompañar el peceto, su plato preferido.
Mi abuela era –no quiero cometer, al igual que con mi padre, un acto de orgullo familiar- una estupenda cocinera oculta, la madre de un imperio que levantó junto a su esposo Omar, un mozo que con sus ahorros se atrevió a los servicios de catering (antes llamados servicios de lunch).Ana las aseaba, las mimaba y las contenía día a día. Eran impecables manos con dedos perfectos, sin los síntomas típicos de la vejez que sí era capaz de manifestar el cabello.
Era un deleite para los ojos de cualquiera ver esas impecables uñas rojas, esos anillos dorados y delicados, sinónimos de una coquetísima señora de las cinco décdas. Nadie, en un encuentro desconocido, hubiese imaginado que esas manos servían al resto y llevaban, en cada bocado, una añadidura de amor que sólo ella era capaz de conseguir.Y es en este instante, en donde uniendo conceptos de los expertos cocineros (ahora denominados chefs pues el mundo globalizado también ha transformado hasta los conceptos) llego a la conclusión de que a un comensal se lo convence siempre y cuando la comida esté elaborada con amor. Y ese es el amor que mi abuela disponía a cada hora, enterrando sus malhumorados momentos. Era una especie de salvavidas con el que podía navegar hallando su libertad en un mar de afectos.Por eso creo que su corazón se multiplicó hasta estallar. Pero de manera tal que hasta escogió –otra vez debo decir de manera inconsciente- su lugar para morir y despedirse de este suelo compartiendo un almuerzo dominguero en mi casa, junto a mi madre (su hija), mi padre y mis hermanos.Puedo hoy mismo recordar sus manos quietas para siempre, como hierro macizo, colgando de la camilla. Aún así eran manos suaves como un terciopelo, con el pulso silenciado por el tiempo. Esa imagen tendida, como muñeca de porcelana de labios violáceos recostada en un dulce sueño eterno, es la imagen que hoy enciende mis miedos y calma mis angustias. Sé que el amor verdadero, el que es capaz de respirarse, el que tiene color, sabor y olor, sólo puede encontrarse en el patio de tu casa. Es un legado que, de un modo u otro, he interpretado para tratar de respetar como si fuera el mandato de un testamento fantástico.Y mis manos son las conductoras de esa ley no escrita que se tratan de estampar en un abrazo a mis hermanos o sobrinos. Creo que, decididamente, ese es el momento en el que deposito el mayor de mis sentimientos con el menor de mis esfuerzos.Es una construcción que me viene a la mente y que elaboro tan pronto como que mis ojos se posan una y otra vez en las pequeñas manos de mis sobrinos, tan vírgenes y honradas que hasta daría parte de mi alma para clonarlas e injertármelas a mis brazos.
Soy capaz examinar, a través de un apriete o simple caricia de manos, el comportamiento de las personas. Me lo ha dado la experiencia y pocas veces suelo equivocarme.Y no me equivoco en definir a las manos de mi madre como las más simples, honestas y sinceras del mundo. Tantos atributos juntos que son capaces de hundir al dolor mismo en el fondo más lejano, ahí donde ni si quiera el eco se arriesga a llegar. Porque esas manos, ¡válgame Dios!, son las manos más valientes con las que me he llegado a encontrar. Ensuciadas por manos traicioneras, lastimadas por manos propias, heridas con látigos salvajes. Pero aquí están. Firmes. Las toco, las acaricio y las amo. Soy capaz de escribir el mejor de mis poemas con sólo nombrarlas.
He dicho que pocas veces suelo equivocarme en esto de las apariencias. Y sí que vale la pena estar vivo para encontrarme con las manos de mi madre, tan especiales que hoy parecen pájaros en el aire. Pero sé que esas manos alguna vez quedarán mudas. Me atemoriza pensar en el futuro. Hoy me detengo por un instante, reparo en mis manos rosamarillas y pienso... Si la divinidad fuera capaz de aceptarme un trato, volaría ya mismo lejos, muy lejos, con las manos de mi madre empujándome al paraíso. Sólo crecerán las uñas y al menos así podré vivir eternamente sin cargar con un dolor que ya empieza a intrigarme de solo pensar.